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El spotify de los libros

Una magnífica idea, sin duda, fue la creación de Spotify. Como la mayoría sabréis es una plataforma que permite, mediante una suscripción mensual, escuchar toda la música que se quiera desde cualquier dispositivo. Ese mismo concepto se ha llevado al mundo de los libros y así surgió www.24symbols.com. Quizás os suena el nombre de la web ya que estas semanas su principal impulsor anda compitiendo en un programa de TVE para nuevos emprendedores, Código emprende se llama el espacio. De momento el catálogo no es muy extenso pero va creciendo poco a poco. Antes de suscribirte te permiten visitar la web, mirar los libros e incluso hojearlos. Aunque todavía no hay libros de ajedrez sí que encontré uno muy interesante llamado "Ahogados en la orilla", cuyo autor, Carlos Molina, nos ilustra con las historias de campeones que estuvieron a punto de serlo, que se quedaron cerca, que perdieron por poco. Ilustres perdedores, podríamos llamarlos.  Entre todos ellos aparece el gran Viktor Korchnoi. Veamos un extracto del capítulo.
[Extracto de "Ahogados en la orilla" de Carlos Molina. Editorial Corner]

VIKTOR KORCHNOI, 1978

Ajedrez, hipnosis y yogures
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KARPOV Y KORCHNOI:Los dos genios del ajedrez disputan el título del campeonato del mundo más controvertido de la historia.
Vivir en el Leningrado de 1941 aseguraba más hambre y frío de lo que muchas personas podrían soportar. Ser una promesa del ajedrez en la Unión Soviética en los cincuenta permitía vivir de cerca las luces y sombras del sistema comunista en plena posguerra mundial. Huir del país y pasar a ser una estrella disidente en los setenta suponía convertirse en protagonista de la guerra fría. Estar entre los cien mejores ajedrecistas a los setenta y cinco años de edad solo lo puede hacer un maravilloso deportista. Todos estos elementos se reúnen en la increíble vida de Viktor Korchnoi, quien para casi todos los especialistas continúa siendo el mejor ajedrecista que nunca logró ganar el Campeonato del Mundo. [...]
La explicación a una capacidad competitiva tan extraordinaria habría que buscarla en su infancia. Nacido en 1931 en Leningrado (actual San Petersburgo), con apenas diez años tuvo que sobrevivir junto a su familia en medio del asedio nazi a la ciudad, en plena Guerra Mundial. Quedó huérfano y pronto tuvo que renunciar a sus estudios de música, pero en la adolescencia descubrió el ajedrez. [...]
En 1971, Korchnoi ganó con cierta facilidad a rivales como Efim Geller, pero terminó perdiendo contra el excampeón del mundo Tigrán Petrossian, justo antes de la final del Torneo de Candidatos. Han sido muchas las teorías que aseguran que la Federación Soviética exigió a Petrossian y Korchnoi que decidiesen cuál de ellos tendría más posibilidades contra Fischer, evitando así una lucha que desgastase excesivamente al ganador. Fuese o no así, el norteamericano aplastó a Petrossian y, meses después, se impuso con holgura a Spassky para proclamarse campeón del mundo. [...]
Korchnoi había cumplido ya los cuarenta años y en la URSS había jugadores mucho más jóvenes que atraían la atención de los especialistas y de las autoridades. En su juventud había estado eclipsado por veteranos poderosos, como Petrossian, Tal o Botvinnik. Ahora eran veinteañeros como Anatoli Karpov, una estrella emergente, los que dificultaban su asalto al Mundial. volvió a avanzar rondas en el Torneo de Candidatos. Venció a Petrossian, su verdugo tres años antes, y llegó a la final, donde le esperaba Karpov. Llevaba seis años sin jugar la final y, para muchos, había llegado su momento. El ganador debería enfrentarse a Fischer, una misión casi de estado para la que se prefería a Karpov, más joven e identificado con el Kremlin. Korchnoi tuvo problemas para encontrar grandes maestros que conformasen su equipo de asesores, probablemente a causa de presiones de su gobierno, y recurrió a dos jugadores británicos.
El duelo comenzó con clara ventaja para Karpov, que en pocos días se situó con tres victorias de ventaja. De manera increíble, Korchnoi logró remontar y se puso a una sola victoria de diferencia, pero terminó perdiendo por un solo punto [...] Aquel duelo, más que la final del Torneo de Candidatos, resultó ser una especie de campeonato del mundo virtual, ya que poco después Fischer renunció a defender su título y se decidió proclamar campeón a Karpov.
Después de años de relaciones cada vez más difíciles con el gobierno soviético, Korchnoi terminó por huir del país aprovechando un torneo en Holanda, donde se le concedió asilo político, antes de instalarse de forma definitiva en Suiza. Fue así como jugó en calidad de apátrida el siguiente ciclo del Mundial, que debía conducir a un enfrentamiento por el título con Karpov.
[...]
Se ha escrito mucho sobre aquel campeonato y, evidentemente, las versiones cambian dependiendo de si proceden del entorno de Karpov o del de Korchnoi. En este caso, daremos por válida la narración del especialista en historia del ajedrez Mark Weeks, que ha recopilado algunas de las polémicas que generó el enfrentamiento.
[...]
En el Mundial de Baguio, Korchnoi expresó su deseo de, en caso de que no se le permitiese jugar con bandera suiza, hacerlo con una en la que se leyese la palabra «Apátrida». La delegación soviética aceptó la idea, pero la Federación Internacional decidió que el campeonato se jugase sin banderas.
Las sillas también fueron motivo de discordia. Korchnoi decidió no jugar con la que le ofreció la organización y llevó su propio asiento. Karpov solicitó que se examinase la silla de su rival para asegurar que no hubiera dispositivos de ayuda. La silla fue desmontada y examinada con rayos X antes de recibir el visto bueno.
Otra de las controversias que han pasado a la historia sobre aquella final tuvo que ver con un yogur que se le sirvió a Karpov en mitad de una partida. Desde el equipo de Korchnoi se elevó una protesta formal en la que se argumentaba que el color o el sabor del yogur escondían un mensaje secreto para el campeón. En realidad, se trató de una respuesta sarcástica a otras disputas que rodearon el duelo, pero la anécdota ha pasado a la historia como si la protesta hubiese sido completamente en serio.
Pero más allá de banderas, sillas y yogures, el protagonista de la mayor disputa aquellos días fue el doctor Vladimir Zhukar, uno de los miembros del equipo de Karpov. Según el entorno de este, se trataba de un simple asesor psicológico. Según los ayudantes de Korchnoi, era un experto en hipnosis que trataba de desestabilizar al aspirante. Fuera o no fuera un hipnotizador profesional, lo cierto es que Zhukar comenzó sentándose en las primeras filas y pasaba la mayor parte de la partida mirando fijamente a Korchnoi.
La historia es larguísima y está llena de protestas y contraprotestas, pero puede resumirse diciendo que durante el resto del campeonato su ubicación en el patio de butacas fue el gran caballo de batalla entre las dos delegaciones. El aspirante intentó contrarrestar la labor de Zhukar con dos miembros de la secta hinduista Ananda Marga, que fueron expulsados por sus antecedentes penales, pero contribuyeron a añadir aún más confusión al circo en que se había convertido el campeonato.
Sobre el tablero, las cosas no empezaron bien para Korchnoi. El torneo comenzó el 18 de julio y el sistema de competición elegido establecía que el campeón sería el primero en lograr seis victorias, sin contar las tablas y sin límite de partidas. Tras siete empates consecutivos, Karpov ganó la octava partida tras una innovación de su rival que no tuvo el resultado esperado. Después de otros dos empates, sin embargo, Korchnoi igualó el duelo con una victoria.
Con el empate a uno en el marcador, las partidas decimotercera y decimocuarta fueron aplazadas. Se estableció que las dos se terminasen en un mismo día. En aquella sesión, Karpov terminó desnivelando a su favor las dos partidas y se situó con 3-1 a favor. Cuando, en la partida decimoséptima, amplió su ventaja hasta el 4-1, el Mundial parecía prácticamente decidido a su favor. En los siguientes choques, marcados por los aplazamientos, Korchnoi pudo acortar distancias con una victoria, pero Karpov se puso con un casi definitivo 5-2 a favor tras imponerse en la partida 27.
A pesar de todo, Korchnoi, entre escándalos y protestas por las ayudas de tipo parapsicológico que, en su opinión, recibía su rival, fue capaz de sobreponerse. Una vez más, su carácter luchador salía en su ayuda y, después de vencer en las partidas 28, 29 y 31, logró el milagro de igualar a cinco. Comenzó a hablarse del cansancio de Karpov, una explicación sorprendente contra un rival de cuarenta y siete años.
La partida 32 se celebró el 17 de octubre y el campeón logró sacar su mejor juego. Tras 41 movimientos, Korchnoi solicitó el aplazamiento en una posición de clara inferioridad. Al día siguiente, renunció a jugar la reanudación y abandonó. En la carta que dirigió al árbitro principal, explicaba: «No reanudo la partida 32, pero no voy a firmar el acta de la partida porque ha sido jugada bajo condiciones absolutamente ilegales. No considero esta partida válida. El campeonato no está terminado. Me reservo el derecho a elevar una queja a la federación por el intolerable comportamiento de los soviéticos, la hostilidad de los organizadores y la inacción de los árbitros». Durante varios días, se sucedieron los comunicados de protesta y las respuestas de la Federación Internacional, que finalmente proclamó campeón a Karpov. Korchnoi abandonó Filipinas sin asistir a la ceremonia de clausura ni recoger el premio económico establecido para el subcampeón.
Había sido la derrota más dura de su carrera, pero tres años después volvió a la carga y, de nuevo, triunfó en el Torneo de Candidatos. Con cincuenta años, disputó su segundo mundial contra Karpov en 1981, esta vez bajo bandera suiza, pero no pudo plantarle cara como en 1978. Karpov ganó por 6 victorias a 2 y retuvo el título. Durante aquel mundial, un tribunal de Ámsterdam emitió su veredicto definitivo sobre el campeonato celebrado tres años antes en Baguio, declarando improcedentes los recursos de Korchnoi, que perdió así dos mundiales en una misma semana.

2 comentarios:

Manolo Jiménez dijo...

Hola Daniel:

Una duda que nada tiene que ver con el tema tratado.
Partiendo que "se ojean perdices y se hojean libros" , dado el tratamiento digital de los mismos ¿Será correcto emplear el verbo hojear? El DRAE da como definiciones aplicables:
1. tr. Mover o pasar ligeramente las hojas de un libro o de un cuaderno.
2. tr. Pasar las hojas de un libro, leyendo deprisa algunos pasajes.

Un saludo.

daniel canteli dijo...

Que yo sepa se puede escribir hojear u ojear, dependiendo, claro está si nos referimos a la hoja o al ojo. Ahora bien, si hablamos de ebooks, tal vez lo correcto sea referirse al ojo ya que hojas no tienen.